Jaque mate

Lo más triste de las despedidas es que da igual cuánto queramos retrasarlas, es el final no escrito de la vida. Y más vale aceptarlo, más vale hacerse a la idea desde el principio de la novela. Lo más triste de las despedidas es cuando decides llevar tú la iniciativa, cuando te das cuenta de que la nostalgia sólo pesa mientras la cargues sobre tu espalda.
Porque lo efímero es vivir de ilusiones, la ilusión de que esa cosa se va a volver a producir. Que no hay nada que te deje con ganas para siempre, y que solo te quede el recuerdo.

Fin. Mayo de 2012.

Coffe and TV

/ 30 de noviembre de 2011 /


Me encanta oirte hablar del Help y acariciarte el pelo horas. Me encanta que me cuentes que llegarás lejísimos, más lejos que tus hermanas, y que tu vida es volar, pequeño gentleman, largarte en un avión y desaparecer bien lejos. Adoro tus chaquetas y tus jerseys y tus palabras extrañas. Escuché en las noticias que estabas planeando arrojarme por un cañón, y también escuché el vals del martillo al despertarme esta mañana. Cuando te miro me hace gracia, porque lo primero que pienso es "La vida da muchas vueltas", y aquí estoy de nuevo, intentando abstraerme unos minutos de la realidad escuchándote hablar de tu padre y sus hazañas militares. Eres de esa clase de personas que nunca creíste que podrías llegar a conocer, pero que fíjate, sólo eran necesarias un par de volteretas. 
Alguien digno de observar, de aprender y de apreciar. Digno de la curiosidad de los demás.


- "Perdona, es que estaba coleccionando sonrisas y me falta la tuya".
- Qué malo.
- Pues para cortar el hielo está que flipas.

29Nov

/ 29 de noviembre de 2011 /

Cómo odio que hagas todo eso. Te lo prometo, odio que lo hagas. Odio esa forma que tienes que alegrarme. Déjame en paz, por favor. Deja de marearme, porque no entras en mis planes. Justo lo que me faltaba... tú. Dejemos las cosas claras: aquí funciona de dos maneras, o todo, o nada. Así que, ya que nos conocemos un poco, pero lo suficiente, opta por el nada, y nos ahorramos parte del camino.
Asco de mente, será todo producto de mi imaginación, y eso es lo que más odio después de tí. Mi puta imaginación.
PD: De qué coño estoy hablando, ya, ya, ya, ya.

Heroin

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Hace un día demasiado bonito, y me he levantado con exceso de buen humor, antes de que sonara el despertador, incluso. He encendido el MP4 y tarareado esas cancioncillas de Alex Turner, de la película Submarine, que tanto me gustan últimamente. No he acabado mejor que ayer y sin embargo sólo me sale abrazar y reír. Reír, reír. ¿No parece como que cualquier excusa es suficiente para alegrarse? ¿Es una señal? ¿Por qué? 
Quizás no tiene nada que ver con nada. Quizás es que estaba determinado así, y de la misma forma que un día cualquiera de Septiembre odias a la humanidad y deseas el fin del mundo, el último martes del mes puede que sea pie para empezar con más ganas el inicio de la Navidad. No sé, puede que simplemente esté tergiversando las cosas, como acostumbro, y ya está. Parece que sí, aunque espero que no. 

La noche distorsiona la imaginación. Habría que limitar su uso a altas horas de la madrugada. Por si las moscas, ya sabes.


PD: Qué estúpida me siento escribiendo ésto. Ya. Fin.
PD1: Vale. Soy estúpida, no sólo siento, sino que lo soy.

Glass in the Park

/ 28 de noviembre de 2011 /

Alex Turner | Glass in the Park
Ya me han vuelto a llenar la cabeza de pájaros que no paran de piar. ¿Y ahora, qué? Pues una escopeta con silenciador. Se creen que van a poder conmigo... Nadie me gana dando caza, no Señor. Aquí mando yo, me los veo venir desde lejos, así que apunto, disparo y... ¡Oh mierda! ¡Se han acabado los cartuchos! ¡Mierda!

Ya ha llegado el invierno

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Hoy es uno de esos días raros en los que te alegras de dejarte llevar por tu intuición, y la nota del examen de Valenciano se corresponde con lo que esperabas. De esa clase de mañanas que cuando sales temprano parece que está nublado, pero a medida que avanza la jornada sale el sol, aunque el frío te cale los huesos. También es el primer lunes que llevas el abrigo de paño. "Cuando Irene se trae su jacquard, significa que ya ha llegado el invierno", dice Susi, mientras te ríes a carcajadas. Las uñas están medio pintadas, medio sin pintar, y estás orgullosa de que lleves casi siete meses sin cortarte el pelo, todo un récord en estos últimos tiempos. No te has dormido durante las clases y estás tranquila y cariñosa. Ya sabes, esos días en los que piensas que aunque las cosas salgan bien o salgan mal, querrás abrazar a todo el mundo.
También es de esos días en los que te echo un poquito de menos, y me gusta sonreír.

Hiding Tonight

/ 27 de noviembre de 2011 /


I'll be the polkadots tie, I'll know the way back, if you know the way.
But if you are, I'm quite all right, hiding today.

Cuando llegan los viernes, me doy cuenta de lo mucho que los echo de menos el resto de los días, semanas y meses. Y no puedo evitar sonreír recordando esas chorradas. Las cartas, I'm down, vasos que caen y mangas que se mojan, diseñadores de interiores, pantallas táctiles, momentos heavys, Wish You Were Here, trenzas...
Ayer me volví a pasar hablando, y hablando, y hablando. Entre que me ablandan el corazón los fines de semana, y cuando se trata de alcohol los secretos dejan de ser secretos... Ya comprobaremos mañana.
No debería estar pensando en esto, pero no puedo evitarlo. 

Thoughts

/ 26 de noviembre de 2011 /



Setecientos cincuenta son demasiados kilómetros. Y casi trescientos sesenta y cinco, demasiados días. 
En ambos casos, suficientes para olvidar.


Yo lo seré, siempre.

Across the Universe

/ 24 de noviembre de 2011 /



Hoy es uno de esos días en los que no paras de escuchar Sister Morphine y mamá te prepara tu comida favorita porque no tienes ni una pizca de hambre: en tu estómago sólo hay lugar para la angustia. Casi es un día como otros, pero en realidad, algo ha cambiado, algo se ha accionado. Tell me, sister morphine, how long I've been lying here? Ha salido el sol tras días y días de tormenta, y yo he perdido la total noción del tiempo, porque ni me hace falta ni la necesito, ahora. No hay conclusiones porque no existe nada por concluir. What I'm doing in this place?, and why does the doctor have no face? Es uno de esos días que gritas y caminas y sientes que sabes tomar buenas decisiones, a pesar de todo.
Es curioso que ciertas verdades se desvelen al cabo del tiempo, o que también ciertos arrepentimientos se hagan patentes con el paso de los minutos. Arrepentimientos, confesiones. Y dices, ¿después de tantas cosas? ¿Ahora? Bueno. Supongo que eso cura un poco el dolor de la mentira del más honesto entre los honestos. Le está bien empleado. Por supuesto que sí. Si es que... no existe la perfección, señores. Ni puedes poner todas tus expectativas en una sola persona. Ya sabes, por si te falla... te vas a pique con él.
"Ha demostrado que me aprecia. ¿Lo ha hecho? ¿Por qué algo que antes veía tan claro me parece de pronto tan incierto? Rabia. Rabia. Apretar de dientes. Un par de lágrimas.
Jorge. De repente te acuerdas de Jorge. No quiero que pase igual. Debería perdonar. Pero en secreto. Mejor sería no revolver nada; si perdonas, olvida, pero calla. Calla, maldita sea, cállate. Joder, creo que merece la pena. Ha pasado de todo, durante este entretiempo. ¿Es necesario ser rencorosa por algo que sucedió hace mucho?" Supersonic.
Se puede aprender algo de esto, y es que al fin y al cabo somos humanos, y los humanos cometen errores. Algunos cometen más y otros lo hacen sin querer hacerlo, pero sobretodo, las personas no son ideales ni fantásticas, la realidad es la realidad y siempre llega, siempre. Y aquel día de Agosto fue el punto de inflexión necesario. El golpe de efecto que te hace espabilar y decir: Toma el relevo y sal de aquí.
Por una vez, el precepto tiempo al tiempo se salió con la suya, y yo con él.

Una canción tan bonita y con tanta historia que contar.... Lástima. Tuve que haberla puesto en su momento. Quizás es que pensaba que las cosas serían distintas.

The Guns of Brixton

/ 23 de noviembre de 2011 /



Finges tan bien que te has perdido, hasta el punto de no saber qué es la verdad, y qué la mentira. Es tan perfecto el vivir engañado, un día a día calcado a como lo deseabas, porque eres capaz de imaginarlo. 
Pero, ¿cuánto puede durar pisar los charcos en Candem Town? Lo justo, hasta que te paras a pensar y dices: "Esto es absurdo". Y te das cuenta de que hasta llorar te parece absurdo. No tienes nada por lo que llorar. Qué lástima, me había llegado a acostumbrar, es tan terapéutico... Ni una lágrima. Al final sería verdad aquello de que remover tanta mierda, te deja tan seca que más tarde no te hace efecto. ¿Frustrante? Se supone que lo deseabas. Bien, de acuerdo. Una vez más alguien me ha escuchado y me ha hecho caso. ¿Se puede saber quién se encarga de la administración de mis deseos? Hola, no son pocas las veces que ya he comentado que adoro soltar estupideces, en todo momento. 
Ya no sé ni de qué estoy hablando. Seamos sinceros, estoy perfectamente, incluso contenta. No, contenta no es la palabra. No, no.
Podría decirse que no me siento como si fuera basura, y en ocasiones llego a pensar que soy feliz, pero solo en algunos momentos puntuales. En realidad, tengo poco de qué quejarme. Pero, ah, la rutina me mata. Me fastidia conformarme con banalidades y sólo banalidades. Las adoro, de acuerdo, pero cuando hay algo más importante detrás de todas ellas, o cuando busco una razón de ser por otro lado.
Hoy es el día perfecto para un London Calling. Necesito escaparme un tiempo, necesito relajarme, huir un poco del mundo. De la gente. Menuda semana ésta, no debería ni pensarlo. Y las que quedan.
Hoy es el día perfecto para tomar un Ibuprofeno. Asco de exámenes, hacía meses que no me dolía tanto la cabeza. Conseguirán acabar conmigo, estoy segura.
Noviembre no es infinito, también... Pues eso. Hagamos que parezca un accidente. O lo que sea, por favor, pero terminemos con esto de una maldita vez.

Champagne

/ 22 de noviembre de 2011 /



La menos recomendada de todo Madrid. Más bonita que ninguna, como siempre, y todos colgados por tí. Con tu piso en las alturas, igual de complicada y difícil de coger que siempre. Es un clásico verte aparecer desde la esquina de la cocina, así, sin más. O allí, al fondo, de pie frente a la estación de tren. Tú y tu pequeña sonrisa de Amélie, esos pitillos ajustados que te regalé y tu espíritu de rock n' roll. Tantas noches, tantas Lunas... Estaba todo bien.
Naciste aquel verano de 1996, emulando esas comedias romanticonas que tanto te gustaban, a lo "¿Conoces a Joe Black?". Fue un choque frontal más que suficiente. Recuerdo ver volar todavía el Berlin de Lou Reed, tu favorito. Recuerdo también querer echarte una mano, y aceptar la propuesta con tu silencio. No pediste disculpas, tan solo reíste a carcajadas y anduviste a mi lado.
Querías salir en los diarios y fueron veintinueve las veces que insististe en que te llevara al baile. "¿Qué baile?" te decía. "Cualquiera, pero llévame a bailar, sácame de juerga".
Escuchábamos Anthony and the Jhonsons para ponernos tontos. Eras imparable, tremenda, y si puedo aguantar el tirón, insuperable. Y cómo andabas, trotando. No sé como lo hacías, lo juro, de pronto echabas a correr pisando todos los charcos que había a tu paso, aún con sandalias, aún descalza, aún como fuera. Tampoco sé cómo lo hacías, pero te diré un secreto: contigo enloquecía follando en la cocina.
Supongo que creía que estaba de vuelta, pero salieron los aviones antes de tiempo, y tú volviste por tu camino al llegar Diciembre. Allí se quedaron los temblores de piernas, las estrellas de los tejados y las burbujas del champagne. De acuerdo que nada es eterno, pero pensé... creí que encenderme con tus manos significaba algo para ti. Algo más. Tantas noches sobre tu tejado... ¿No estaba todo bien?
¿Y, de quién de los dos es la culpa? De ambos, por supuesto. A tí sólo te gustaba jugar al ajedrez, a ganar con héroes, guitarristas, otros no tan guitarristas y sonrisas. Pero claro, los que hundimos los barcos son en realidad los que soñamos más alto luego. Que no sería la primera vez..., ni tampoco tu primera.
Pero no, no tengo la culpa de tus ideas y venidas, de tus "te necesito" cada treinta días del mes, ni de ser yo quien realmente necesita tus taras, tus multas, tus pies. Y ya me cansé de mirar a través de los cristales, ya no quedan noches para amar.
Algunos pueden dudar de si volverás o no, tú y tu pequeña sonrisa de Amélie. Yo, sin embargo, sigo buscándome la vida, cogiendo altura, dejando señales. 
Sólo a veces, muy de vez en cuando, vuelvo sobre mis pasos, recorro las calles y recorro mis recuerdos, soñándote en mis planes.

Good Times Bad Times

/ 21 de noviembre de 2011 /

Hola mundo, espero que me guardes un buen día, porque de tanto aburrimiento y tedio me estoy consumiendo. Necesito una rutina distinta o voy a explotar.


(La foto no tiene nada que ver, pero es que me parto con ella)

21 guns

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Green Day | 21 Guns

Digo yo que ya me he acostumbrado a escuchar tu nombre, y ni me molesta sonreírte. Todo es normalidad cuando te hablo, que son las menos, y es más, has dejado de formar parte de mi vida. Te veo cada tanto tiempo... son sorpresas gratas el cruzarme contigo. En ocasiones decimos, "A ver cuando nos vemos", pero es una frecuencia nula. Aún recuerdo la última vez que lo mencionaste.
En absoluto. Ahora sí que se podría decir que no existes. Pero, ¿quién me iba lo iba a decir? Nadie lo habría imaginado, y menos aún jurado. Giros inesperados de la vida, supongo, de esos que legan cuando menos te lo esperas y empañados de lágrimas. Los que vienen mezclados con odio, cansancio y dolor, pero sobretodo, con ganas de dejarlo todo. 
Las derrotas.
Quizás sea cierto eso de que abandonas porque dejaste de confiar en tus oportunidades, pero yo no es que dejara de confiar, o que se hubieran agotado. Es que no tenía. Y no se puede sacar de donde no hay.
Así que aprendí a olvidar y me antepuse a tí. Es una de las mejores decisiones que creo que he tomado a lo largo de mi adolescencia, que son pocas, pero ésta destaca claramente entre todas las demás. Porque supe salir hacia adelante aunque no quisiera. Y gracias a ello, las cosas son como son, y no para bien o para mal, sino para bien. Claramente para bien.
Y aunque olvidara todo. Aunque olvidara quererte, porque supongo que llegué incluso a quererte, aunque nunca más lo reconozca. Aunque olvidara el rencor. Aunque olvidara despreciarte, despreciarme, las peleas y todo lo que pasé contigo, que no fue poco. Todo lo que hiciste por mí... porque, lo he olvidado todo.
A pesar de todo, yo se que hace dos años me cansé de mi misma y puse punto y final. Hace dos años, exactos, milimetrados, se acabó.
Pero no te echo de menos. Ni un solo día de mi existencia.

Thunderstruck

/ 18 de noviembre de 2011 /

- ¿Hice mal?
- ¿El qué?
- Comportarme de esa manera. Tengo resentimientos ahora. ¿Lo hice mal?
- No, para nada.
- ¿De verdad?
- Claro que sí.
- Entonces, estoy tranquila. Sigamos riéndonos.

Dos cosas:

/ 17 de noviembre de 2011 /

La primera: No existió. La segunda: No tuvo relevancia.
Ahora y si te apetece, le das el significado que quieras. Esa es la gracia de las putas palabras, que ya estamos acostumbrados a que, ponga lo que ponga, uno interpretará lo que le de la gana. Subjetividad.
Mátalo ahora que puedes. Hazle zas, puñalada en la espalda, y luego ríete en su cara. Es más fácil de lo que piensas.

Riders on the storm

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Ellas es niebla, ella es Dimanche. Es Mayo del 68 concentrada en ciento sesenta y cinco centímetros de frialdad e introversión. No hay risa ni sonrisa que la equipare, tan sólo el Sena con las orillas cubiertas de nieve. Sin comedia, encerrada en su tragedia ficticia. Así disfrutaba. Personaje de su libro favorito.
Necesitaba lo justo, lo necesario, pero vivía en un queja contínua. Se conformaba con tan poco que sentirse estúpida era uno de sus mayores deseos y miedos al mismo tiempo. La definían como cínica y sonreía. "Soy Dylan, soy un judas". Contaba en los dedos de su mano los insultos por frase y los días de colegio. Es evidente, ella también soltaba carcajadas. No estaba muerta, simplemente había elegido ser algo diferente a lo que te podías encontrar todos los días. Una bala reivindicativa, inestable y a menos diecisiete grados de temperatura. Descontrol exterior, autocontrol interior. La dualidad, el ying y el yang. Creyó alcanzar la perfección.
Odia la rutina y por eso vive en ella. Si tiene que levantarse un martes a las siete para estudiar lo que no estudió el día anterior, lo hace. Y si es sábado por la mañana coge su bici y se marcha, fuera, es un agobio estar en casa. ¿Qué más le da quien lo hace y quién no? Si tacharla de algo todavía le importara... se perdió hace meses entre problemas y la adolescencia. Llamó problemas a su imaginación y su propio cuento sin solución. Prefirió cerrar los ojos, como suelen hacer muchos, y quedó sumergida, por tanto, tanto tiempo... Quería ahogarse y sufrir. Digan lo que digan, un auténtico iceberg es aquel que desea derretirse y no puede. Aunque se consuma: sería feliz. Quizás esa fuera una de sus razones. Y, por tanto, otra de las excusas.
Baja a la cafetería los jueves cuando dan las diez. Lo de siempre: café con leche y un croissant, para pasar los minutos entre mordisco y mordisco soñando con vivir en Montparnasse, entre cuadros, jazz, whisky y Le Monde. Dice, "Quizás es que el tiempo nunca pasa. Quizás lo que pasa sobre el tiempo es París". Quiere un Rouge de Dior, aunque acaba siempre decidiéndose por el de Chanel. En su cápsula de tiempo contínua, se esconde entre las callejuelas de su mente y dialoga con Kerouac: Buenos días, quiero acompañarte, pero tengo el reloj estropeado. Te mando una carta y nos contamos. Con cariño, la zorra de Marylou.
Me gusta que cuando llora, lo hace a escondidas. Y me gusta, también, su voz cuando está triste. 
Es bonita.

Spoonful

/ 16 de noviembre de 2011 /

«Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta que tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico de Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes sobre la mesa de luz. Stop, ya está bien así. 
También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito. ¿Por qué stop? Por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de las palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general, sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. 
A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige
Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

Rayuela. Julio Cortázar.

A Cloak of Elvenkind

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Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un wisky on the rocks. [...] No pido perdón, ¿Para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa. Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.
Quien elige, elige. 
Punto.

Pieces

/ 14 de noviembre de 2011 /

Cómo se nota que no tienes ni la más remota idea sobre nada, por nada y por todo. Que sí, que vale, cualquier razón o excusa basta. Bien. Pues, ya no me afecta. No me afectas. Tus acusaciones no me hacen daño. Las personas cambiamos.
Hay gente que importa. Y por desgracia, tú te columpias en mis narices con la respuesta. Eres una avispa que da por saco y pretendo quitarme de encima, y que siempre se queda en el "pretendo". Que si te irás si no te digo nada. Que si eres inofensiva. Pero algún día te daré un manotazo y se acabará todo. Porque tú puedes picarme, e incluso producirme alergia. Pero si soy yo la que hago algo, estarás muerto. Y ni tu te levantarás ni yo tendré que ir a socorrerte. Te quedarás agonizando en el suelo a la espera de que alguien te ayude. 
Pero nadie irá a por ti. O incluso aunque fueran. Tengo la absurda esperanza de que te dieras cuenta de que es error tuyo, y no mío. Y, por lo menos, arrepentirte. 

¿En serio piensas que te está esperando toda esa vida perfecta, en alguna parte? No son cosas que vienen solas. No del todo. Es lo que aprovechas de lo que te llega. 
"Si de verdad crees que está en mi alma,
diría todas, todas las palabras que conozco
sólo para ver si demuestran que intento decirte 
que estoy mejor solo".

Capítulo 2: Marina

/ 13 de noviembre de 2011 /
"El silbido del expreso de Madrid me rescató de mis bucólicas meditaciones. El tren irrumpía en la estación a pleno galope. Enfiló hacia su vía y el gemido de los frenos inundó el espacio. Lentamente, con la parsimonia propia del tonelaje, el tren se detuvo. Los primeros pasajeros comenzaron a descender, siluetas sin nombre. Recorrí con la mirada el andén mientras el corazón me latía a toda prisa. Docenas de rostros desconocidos desfilaron frente a mí. De repente vacilé, por si me había equivocado de día, de tren, de estación, de ciudad o planeta. Y entonces escuché una voz a mis espaldas, inconfundible."

Cerró el libro de un golpe. "... Por si me había equivocado de día, de tren, de estación...". Andrea suspiró y tragó saliva, con pesar, como si aquel gesto escondiera muchas más cosas de las que en realidad decía.
Marina. Había intentado leerlo cientos de veces, pero no conseguía pasar de las primeras treinta y dos páginas y media. Me sorprende cuando la gente habla de él con tanto fervor, con tanto cariño. Seamos francos, no lo encuentro nada sorprendente. Quizás me llama la atención la dulce y melancólica perspectiva de la Plaza Sarrià y ese velo mágico que lo cubre, pero nada más. La novela toca varios temas que son o muy comunes o poco comunes. Por ejemplo, la clásica pero trágica historia de amor entre Óscar y Marina, la amistad, el abandono. Me llena de un agridulce sabor a despedida.
Andrea, sin embargo, aunque tampoco veía nada especial en él, siempre volvía a acogerlo entre sus manos. Nunca la entendí. Ella misma lo encontraba indiferente y tampoco consiguió acabarlo, pero lo más importante, no quería hacerlo. Seguía en su estantería, entre "Un mundo feliz" de Huxley y un Delibes que no recuerdo muy bien cuál era, a pesar de que podían transcurrir meses y meses pasando desapercibido, semioculto en aquella maraña de títulos y autores. Pero entonces lo veía. Primero, un gesto fugaz. Luego, miradas furtivas mientras estudiaba, dibujaba o escuchaba A Day in the Life. Más tarde, la total inquietud. La reacción se desenvolvía en un período de cuatro días: una especie de acecho, de miedo, intranquilidad. ¿Sabes? Como si temiera acercarse.
Yo lo sé, sé que ese libro tiene algo, que significa algo para ella, pero, ¿qué es? ¿Su contenido, su significado, su autor, la fecha, el lugar...? ¿Qué secretos podía guardar el libro más ignorado de su biblioteca personal?



- "Prométeme que, si me pasara cualquier cosa, acabarás tú la historia." "La acabarás tú -repliqué yo- y además me la tendrás que dedicar." - susurró de pronto, ocultándose tras los mechones castaños claros. Un largo silencio llenó la habitación -. No sé qué le ve.
- ¿Quién? - pregunté.
- Marina.
- Melodrama adolescente comercial.- concluí con sagacidad entre calada y calada -. Y no has respondido a mi pregunta.
- Es un sujeto omitido. Elíptico. No lo incluyo porque no importa.- cortó, dirigiéndome una mirada de sigilo. Inmediatamente, se levantó de un salto y se paró frente a mí. No podía dejar de observar aquellos ojos oscuros y expresivos.- Si fumas - añadió -, ya sabes dónde está la terraza - y salió de la habitación, con su andar suave y rápido, hacia la cocina o quién sabe si la salita de estar.
No pude evitar reírme. Sujeto elíptico, joder. Una gran nube de humo. Tenía que habérmelo esperado. 
Suspiré. ¿Alguna vez te has quedado mirando a una persona, sin más? Como intentando grabar todos sus gestos en la memoria, observando cada minúsculo detalle, embobado. Ah. Lo sé. Lo sé muy bien. A mí me sucede con... con ella.  Cómo se agita el pelo, cómo sonríe a medias, apretando la boca y bajando la mirada. Cómo se pinta las uñas y se ríe por lo más banal del mundo. Todos esas pequeñas idiosincrasias que la hacen ser única y totalmente ella. Y sin embargo, la miras, una, otra, y otra vez, y es como si descubrieras cada una de esas veces algo nuevo, y es sorprendente, no te cansas nunca. Cuando crees conocerla, te mira, y te das cuenta de que nunca puedes saber del todo en qué piensa. En ocasiones es otra chiquilla más, loca, atrevida, sólo con ganas de pasárselo bien, indiferente al resto y su al rededor; pero de repente te sorprende con ése diálogo adulto y profundo, sensible pero serena... como de quien ha recibido una lección, o va a darla. Y piensas si está fingiendo, si miente. Sí, miente, se oculta tras un muro de apariencias... No, no son apariencias. Son superficialidades. Se oculta tras ellas, pasa miedo. La pregunta es, ¿cuándo miente y cuándo dice la verdad?
Tiré la colilla en el cenicero y salí a la terraza un rato. Madrid lucía con especial encanto aquella noche, o eso me parecía. Calles desiertas, jardines con cipreses fúnebres, perros hambrientos y vagabundos, señoritas lugareñas que pasean su incurable tristeza romántica por los andenes de las estaciones; viejos, muy viejos, con un pie en el sepulcro; viejecitas arrugadas que sólo piensan en la muerte y suspiran desde el amanecer hasta la noche: Señores; negras siluetas de husmeantes y habitantes de la noche, noctámbulos sedientos de alguna copa en un bar de muerte, buscando el amor en cualquier esquina o cualquier apartamento, cigarro en mano y unos pocos euros en el bolsillo. La larga pincelada negra del Retiro, a lo lejos. Río entre dientes. Lejos de ser la Madrid cosmopolita a la que acostumbro, esto parece más un retrato costumbrista de la capital en los años de posguerra. 
Se escuchó un sonido metálico y tres golpes enérgicos. Andrea apareció escopeteada en la puerta de la terraza, con los ojos muy abiertos.
- Rápido - me empujaba hacia el cuarto de invitados -, es Sergio, joder, date prisa.
- Oh, no creo que le importara - bromeé - vernos a los dos juntos, ¿no?
- Déjate de bromas.
Me paré a pocos centímetros de ella y le cogí de las muñecas, mientras forcejeaba pataleando y agitando la cabeza.
- Me encanta cuando te enfadas - le dije, con una sonrisa.
Me propinó una patada en el estómago.
- Que te jodan.
Cerró de un portazo y se apareció en el recibidor, arreglándose todavía un poco el pelo y restregándose las mejillas, para dar color. Olía un poco a porro, sobretodo si te acercabas a su jersey, pero no se daría cuenta. Giró el pomo y abrió la puerta. (...)


(31 de Agosto)

Brain Damage

/ /
¿Esa es la imagen que doy? No es la primera ve que me avisan de ésto, quizás sea cierto. El problema reside en que yo no me doy cuenta de lo que hago, supongo que es una mezcla entre la inocencia y la estupidez. No lo sé. Me dicen que me aclare, pero, ¿tengo que aclararme? ¿Respecto a qué? Si yo tengo todo claro. Entonces, es que no es la forma de actuar. Que no te das cuenta de que puedes hacer daño. Y entonces digo, ¿sobre qué? No te sigo. No me entero.
Claro, es la imagen que debo dar desde fuera. Ah, sí. ¿Así es como soy? ¿Así es como me ven? ¿Por eso tantos problemas? Supongo que sé la respuesta a las tres preguntas. ¿Tan mal lo hago...? ¿Será cierto que no puedo tener amigos? No te lo decimos a mal, ni te estamos riñendo, pero lo entiendes, ¿verdad? No te lo tomes a mal. "No, no, no te preocupes, no sois los primeros que me avisáis, ni siquiera se trataría de la primera persona que se vería afectada". 
Si es que al final tendrán razón. Si es que hasta lo haré mal.
"Y si tu cabeza explota con malos presagios, también te veré en el lado oscuro de la Luna"


Cry, baby. Cry

/ 11 de noviembre de 2011 /
Llora pequeña, llora.


Little Wing

/ 10 de noviembre de 2011 /
Venga, matadme. Un éxito, un clásico, de mis canciones favoritas, sin duda, y yo con esta mierda de cabeza, sin saber qué decir. Simplemente es un día fatal como pueden haber otros cientos de ellos. ¿Por qué? No lo sé. ¿Y qué más da? Lo unico que no desconozco es que me apetece arrollar a todos los que me encuentre por el camino, y no detenerme. Anda y que les jodan a todos. Ay, qué asco, necesito un paracetamol. O un cóctel de metanfetaminas con Cola Cao. Aunque, viendo el otro día las consecuencias que te deja el ice... no sé si me convence. Me decanto por la caja de tranquilizantes. Voy a empezar a hacer recetas con psiotrópicos. ¿Te lo imaginas? Pastel de marihuana cubierto de ácido, con un extra de GHB. Venga locura, sigue imaginando...




Desde hace un mes, siento que mis canciones de amor favoritas están dedicadas a un sándwich. O a un trozo de corcho. Sí. Un sándwich de corcho... Es muy, muy frustrante darse cuenta. Lo que en un momento concreto nos parece perfecto, con el paso del tiempo, puede no serlo. Quizá entendamos que no era tan perfecto, y aunque lo hemos perdido, nadie dice que no podamos volver a encontrarlo, o incluso encontrar algo mejor.
En fin, auto-odio. Cuando tengo las mejores canciones, me guardo los peores sentimientos o los peores días para decir hasta do re mi. Maldito cerebro, ¿por qué me haces esto?



Vienna

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Porque me echaría tardes enteras riéndome contigo, sólo contigo. No necesito a nadie más, me bastan dos segundos para reconocer que el Universo es infinito y no me importa, si estoy a tu lado. Que no existen las personas perfectas, pero tampoco es necesario, ni lo busco, no busco la perfección. Ya no la busco, porque lo que importa no es lo que tú desees, sino quién es el que puede hacer que busques esto o aquello. 
Porque me doy cuenta de que podría quererte si quisiera, y odiarte si te odiara. Y nada cambiaría, seguirías siendo el mismo. Me enredo en tus manos, en tu pelo, y seguiría encontrando las mismas respuestas. Si eres mi dosis diaria de heroína. Si no caben más palabras en un minuto de conversación. Que no me quedan más caricias ni besos. Que sólo te quiero a tí, a tí entero, con todo lo que venga y ha venido y esté por venir. No me importa si lo has pasado mal, si no eres como los demás creen que eres. No me importa, en absoluto, el daño que te hayan podido causar. Sólo quiero verte, verte, verte, verte, y que me perdones por ser estúpida. Quiero abrazarte y no soltarte. Te prometo un siempre, un imposible. Te prometo que dan igual los días, las semanas, y los kilómetros. Voy a darte lo que tú me diste, voy a dejar que me cuides, y te quiero. Te quiero. ¿Me has escuchado? Te quiero.



Contigo

/ 9 de noviembre de 2011 /
"Yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz." 
Yo no quiero saber por qué lo hiciste; yo no quiero contigo ni sin ti. Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan... nunca mueren.

(Que no es la primera vez que una canción de Borja es motivo de inspiración para una entrada. Así que aquí va otra que se suma al club.)

Sin ciencia ni conciencia que te guíe, algunos preferimos morirnos solos a decaer en el intento. No siempre cualquiera está dispuesto a fracasar, arriesgar por arriesgar, por una convicción. Hay gente que prefiere mantenerse en su posición, tranquilo, relajado, de por vida, sin amenazas. Sólo los locos dan la vida por sus sueños. 
Son las palabras de quienes se ha cansado de esperar y de caerse, aunque no lo quieran admitir. Alguien que ha sufrido y ya no sufre, porque se ha puesto sus parches de nicotina, y está contento con poco. No ha de desintoxicarse, ni desengancharse permanentemente, no mientras pueda seguir con sus sucedáneos y salir del paso, una vez o dos. Se cree que ha olvidado su aroma y su sabor inundándole los pulmones, sus ratos de desinhibición, sus recuerdos. Cuando pasaba la lengua por el papel de fumar y lo liaba como un auténtico profesional. Aquel zippo que no has vuelto a recargar desde aquella vez que se te acabó, y guardas como un regalo en tu estuche; o cuando mandabas a tu abuela al estanco, para que los dieran a ella gratis, y luego se los pedías, con un beso en la mejilla. 
Sí. Dirá adiós a todo con un parche de farmacia, dará la bienvenida a un nuevo par de pulmones y a camisas sin olor a tabaco. Podrá meterse la mano en los bolsillos teniendo suficiente cambio para comprarse algo en la cafetería, y no tendrá que ir pidiendo un mechero a todo aquel que se encuentre por la calle. Tampoco le urgirá salir antes de tiempo, casi subiéndose por las paredes. No echará de menos nada, porque ya no lo tendrá.
Pero en sus dedos seguirá la huella de los cigarrillos, su aroma y su sabor inundándole los pulmones. Sus ratos de desinhibición,  y todos los recuerdos que le trae su humo. Cómo no sólo se mezclan las risas y los buenos momentos, sino aún más. Que quizás era malo, pero sigue siendo igual de adictivo que desde el primer momento. Que te ha cambiado y te ha marcado una época, una que ya has cerrado. Se acabó el capítulo. Pero, eh, el capítulo sigue ahí. Y todo lo que trae consigo.

Sweet Song

/ 8 de noviembre de 2011 /


Atención, comunicado urgente:
Haciendo repaso e investigación de ciertas canciones, me he dado cuenta de que alguien se ha tomado la libertad de llevarse mi dolor de estómago y mi hiperventilación.
Por favor, que me lo devuelva. Atentamente, yo.

She's so high

/ 7 de noviembre de 2011 /

De qué vives y has vivido. Descubrir con el tiempo el porqué de ciertos comportamientos. 
Desde que tengo memoria, ha existido un rechazo hacia mostrar abiertamente mis sentimientos, o emociones. Bueno, eso es lo que he creído yo siempre, y no es algo que yo me imagine,  sino algo real y más que probado.  Con el tiempo, y a medida que las situaciones se complicaban, en lugar de contárselo a mis amigas, me fui cerrando más y más, rebentando al cabo de equis tiempo, o haciéndolo desaparecer como si de un mago con chistera me tratara. 
Hace unos días pude entender al fin de qué se trataba, cuál era la razón de todo esto. Dudo que fuera culpa de unos amigos carentes de interés. Al contrario, interés no les ha faltado, ha sido directamente proporcional al número de mentiras que les decía. Mentiras, o medias verdades. El caso es ocultar la verdad, lo mínimo, para hacer el engaño creíble, pero ocultarla.
Todo por no querer parecer miserable, débil. No aparentar que me encanta regocijarme en mi puto dolor ni una asquerosa melodramática que no sabe llevar con la cabeza bien alta sus problemas. No, no, no. ¿Cuál es, la frase fetiche? "Odio, por que lo ODIO, el victimismo. ODIO el chantaje emocional, y tener que callarme por puro respeto y represión."
¿Victimismo? Ah... Se debe a que, desde que tengo memoria, es un día a día en mi vida. Que lo que no amas, acabas odiándolo. Y se ve que mi subconsciente eligió lo segundo, por fortuna. Porque eso es algo que no voy a poder cambiar, el no contar mis cosas, o racionalizar en exceso lo que siento, porque siento asco y miedo de parecer lo que más odio.



Songwriting Process

/ 6 de noviembre de 2011 /
Está nublado, allí fuera. El cielo está gris, totalmente gris, y llueve.
Si te quedas en silencio puedes oír el repiqueteo de las gotitas sobre la ventana, aunque no sean más que algunas chispas; casi nada, en realidad. Tan sólo tienes que quedarte callado unos segundos, y oirás "clic, clic, clic", como golpecitos. 
Cinco de la tarde en la ciudad cualquiera, principios de Noviembre. El sonido de las ruedas de los coches sobre el asfalto, a modo de banda sonora. Paraguas y el tráfico de un domingo sin importancia. No es festivo. No es verano. Se quedó en ordinario. 
Esperas un semáforo en verde. Te hizo gracia cuando te comentó ayer aquello de "November Rain", no pudiste disimular una sonrisa. "Qué cosas, qué cambios." El pensamiento más repetido del año se vuelve a materializar, como de costumbre. Te parece que cualquier situación es excusa para decirlo, y quizás tienes razón. De repente, haces memoria y te vuelves a imaginar ésa pregunta del Ask, de otro anónimo, como suele pasar: "¿Qué te gustaría cambiar de tí mismo?" "Miopía", has dicho, aunque en realidad lo que te encantaría arrancarte es esa fastidiosa capacidad de recordarlo todo. Pero, ¿y a quién le importa? No saben hasta qué punto tienes grabado ciertas imágenes en tu mente. En una ocasión leí: "La gente olvidará qué hiciste, o lo que dijiste, pero no olvidará cómo les hiciste sentir". Creo que no formo parte de ese precepto. Para nada. Nunca se me olvida lo que hicieron o dijeron, pero sí que es posible que llegue a no recordar el dolor que sufrí. En ocasiones, ni soy capaz de revivirlo. Es como si me lo prohibiera a mí misma. Una especie de defensa personal, o eso es lo que me gusta pensar.
Pasa un autobús rojo, y lo primero que te viene a la mente son aquellas tardes de camino al Ayuntamiento, en la parada, muerta de frío, y retrasándote, como de costumbre. De pensar que tenías que haber salido veinte minutos antes, como el fin de semana anterior, y así llegar con tiempo de sobra. Suspiras. Te frotas las manos y continúas mirándote las botas nuevas, de cordones, las que te regaló mamá hace unas dos semanas. Esto es poco menos que delirante, extasiante, alucinante. Sólo me sale decir palabras absurdas e inconexas, joder. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué coño pasó? Una especie de torrente de ira te sube por la garganta, quemándote, abrasándote, como si de un trago de absenta se tratara. Tengo ganas de llorar, de derrumbarme, mandarlo todo a la mierda. Siento asco, asco, asco. No quiero a nadie. ¿De qué me sirve el frío? ¿De qué me sirve un November Rain? ¿De qué me sirve? De nada. Vives engañada. Todo es una gran mentira, no tienes opción a ser feliz. No la tienes. Deja a los demás que hagan sus vidas e intenta desaparecer de las suyas...
Un leve mareo. Empieza a cesar el ruido. Levantas la cabeza y apartas por unos momentos esos pensamientos. Echoes, Echoes, Echoes. Los coches frenan lentamente. Pisas el primer charco y te mojas todos los zapatos. Pues sí. ¿Por qué? Qué más da..., ¿a qué habrá venido ese arrebato de furia? Creo que necesito despejarme, bastante. Últimamente no hago más que decir chorradas, y me canso rápidamente. Plaf, plaf, otro charco. A Rimbaud le gustaba decir... sí, ¿qué era? Sí, sí... Las 7 reglas sencillas para vivir de incognito…1, no fiarse jamás de un poli con gabardina. 2, desconfiar del entusiasmo y del amor, ambos son pasajeros y oscilan rapido. 3, Cuando te pregunten si te importan los problemas del mundo, mira fijamente a los ojos de quién te lo pregunta, no volverá a preguntartelo. 4 y 5, nunca des tu nombre real,. 6, Si te dicen que te mires a ti mismo, no lo hagas. Nunca digas ni hagas nada que la persona que tengas delante , no pueda entender. 7, Nunca jamás creer nada, porque será mal interpretado, te encadenará y te perseguirá el resto de tu vida y eso nunca cambiará. Totalmente de acuerdo, sin duda. 
Todo me sabe a metafísica y absurdo. Quisiera desvanecerme y aparecer misteriosamente en otra dimensión, fundirme con el humo de un cigarro con aroma a vainilla y melocotón. O colocarme. Un chute de heroína, así, sin más. Perderte en la euforia de la aguja. Oh, sí, me colocaría, ya mismo. No sé qué hago perdiendo el tiempo yéndome al Centro, tendría que estar perdida en un universo alternativo dialogando con la Muerte. 

Resumen de tres minutos, si llega, de diálogo mental. 
Muchas niñas hablan de bipolaridad, cuando en realidad es pura adolescencia. 

Penny Lane

/ 5 de noviembre de 2011 /
Pues no, no es de mis canciones favoritas de los Beatles, pero como dijo una amiga mía hace no demasiado tiempo, (y no quiero ofender a nadie, aunque sigua siendo mi opinión), es tremendamente pegadiza, suelo cantarla a todas horas cuando estoy contenta, no sé por qué. Tiene una melodía muy alegre, y parece tan estúpida... Cómo no, de la yaya de Mccá. 
Hace exactamente un año estaba riéndome de él, porque lo sé. No me gustaban para nada los cuatro jinetes del Apocalipsis, seamos sinceros. Y me costó Dios y ayuda ponerme con ellos, me descargué la discografía completa y tardé todavía unas semanas hasta que la puse en el Reproductor. Luego, todo fue rodado. 
Empecé con el Help, una misión suicida teniendo en cuenta que esa es la época que menos me gustaba de ellos. Efectivamente, no tardé ni media hora, y pasé de disco. Siguiendo un sabio consejo, probé con el White Album, que resultó ser todo un acierto, y prácticamente desde entonces, uno de mis discos favoritos. Como ya he dicho, después de ésto, fue coser y cantar. Pero, uh, estoy "adelantando" acontecimientos. Aquello sucedió por Febrero de este mismo año.
Yo hablo de Noviembre.
Creo que vivía en una especie de dimensión abstracta, en la que se mezclaba la psicodelia, el rock progresivo y  una gran ignorancia y odio infundado hacia gran cantidad de personajes o grupos, sin razón alguna. ¿Por qué? Por prejuicios. Y por placer. Que a todos nos atrae la idea de ser distintos, y que no nos guste lo que a los demás. O por lo menos, a mí.
Pero eso ya pasó. En realidad he cambiado ligeramente desde aquel día en lo que respecta al carácter, por no hablar de gustos, o de oído musical. Y estoy muy contenta con ello.

Romeo and Juliet

/ 3 de noviembre de 2011 /


No sé qué decir, porque tengo miedo de mirarlo a los ojos y darme cuenta de que está ahí, escondido, o quizás no tan escondido como desearía.
Si te esfuerzas por conseguir lo que quieres, ganarás. O puede que pierdas, pero lo que nunca perderás será la oportunidad de triunfar, que tiene, al fin y al cabo, el mismo número de posibilidades que de fracaso.
Joder, siempre que escribo estas cosas, hay algo que me dice, por una parte: sigue, sigue, sigue contando tus historias. Y por otro lado, me siento estúpida y una total niña. Vamos a ver, ¿intentarlo? ¿El qué? Que no hay nada, que luchas por causas perdidas, que te encanta, del todo. Que tomas como ejemplo y comparación situaciones totalmente distintas, en tiempos distintos. Que, ¿qué sueñas?¿Qué empeño, o provecho, pones en soñar? No me entiendo. Es absurdo, del todo. Y lo sé, claro que lo sé. Entonces, no sé qué hago aquí, hablando de algo que no tiene salida porque no tiene entrada, perdiendo el tiempo divagando cuando tienes la sensación de que es un cuento, y que no será realidad nunca. 
Ahora vendrán los de nunca digas nunca. Que sí, que sí, que ya me lo han dicho muchas veces. Pero ¿qué más da? No quiero volver a hablar de esto, porque no tiene sentido, es una pérdida de tiempo, y encima, tergiverso el puto presente.
Que yo creo que ya tenemos suficiente con al menos trescientas entradas. Dan para leer bastante.

Starry Night

/ 2 de noviembre de 2011 /
Una vez más.
Está totalmente roto, partido por la mitad, triturado, destrozado, aniquilado. Insalvable.


 
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