Jaque mate

Lo más triste de las despedidas es que da igual cuánto queramos retrasarlas, es el final no escrito de la vida. Y más vale aceptarlo, más vale hacerse a la idea desde el principio de la novela. Lo más triste de las despedidas es cuando decides llevar tú la iniciativa, cuando te das cuenta de que la nostalgia sólo pesa mientras la cargues sobre tu espalda.
Porque lo efímero es vivir de ilusiones, la ilusión de que esa cosa se va a volver a producir. Que no hay nada que te deje con ganas para siempre, y que solo te quede el recuerdo.

Fin. Mayo de 2012.

Pale Blue Eyes

/ 28 de marzo de 2012 /

Y así se llamaba Alessa. Discreta-distante-distinta. Disconforme ante todo tipo de posición que no fuera la suya, más cerca de la intolerancia de la que nunca había hecho bandera que de ese lema mal escrito de "Haz el amor, y no la guerra". Se acercaba al Mercado Central los miércoles por la mañana siempre que lucía el sol. En realidad era más paseo que necesidad. Una especie de entretenimiento, de diversión o como quieras llamarlo a falta de sitio donde caerse muerta. Dedicaba gran parte de esas jornadas matutinas al robo y apropiación de cachivaches inútiles y de escaso valor que más tarde revendía en los puestecillos de la playa. Siempre que podía, se traía además las flores escondidas entre sus blusas, vaporosas y pasadas de moda. Y aún a su pesar, le sentaban como un pincel. Parecía sacada de una Vogue de mediados de los setenta, con un aire muy a lo Janis y la mirada profunda. Eran los ojos de Paul Newman. Eran los ojos más azules de Barcelona.
No sé por qué todos la querían, yo reservaba para ella mi más profundo desprecio. No me gustaban ni sus formas ni su torpeza, ni su escaso don de la palabra, esa educación que brillaba por su ausencia. Era un desquicio de persona, un desastre, un mes de Abril sin agua y sin sol. Sin nada, atípica hasta la mismísima médula, jugadora de póker en timbas ilegales bien entrada la madrugada. Cada noche en una cama, cada noche un hombre distinto. Y a todos los hubo amado. Amaba con locura sin dejar que ello la destruyera. Nunca le dio al whisky porque decía que era cosa de hombres, sólo bebía agua mineral, de la embotellada. ¿Ves? A eso me refiero. Su actitud. Mostrarse como una señorita, sin lado oscuro de la Luna. Sin ocultarse. Era un alma incansable, y feliz. Y era feliz porque se había hecho a sí misma.

"Ni si quiera sentía dolor, quizás me comiera la envidia"

2 coliflores:

{ Irene } on: 28 de marzo de 2012, 21:35 dijo...

Perfecto. Me encanta.

{ Blueberry } on: 30 de marzo de 2012, 0:10 dijo...

Me gusta mucho este sitio. Y todas las referencias que haces a la música.
Follow eléctricamente devuelto y, con su permiso, también en twitter.

 
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