Jaque mate

Lo más triste de las despedidas es que da igual cuánto queramos retrasarlas, es el final no escrito de la vida. Y más vale aceptarlo, más vale hacerse a la idea desde el principio de la novela. Lo más triste de las despedidas es cuando decides llevar tú la iniciativa, cuando te das cuenta de que la nostalgia sólo pesa mientras la cargues sobre tu espalda.
Porque lo efímero es vivir de ilusiones, la ilusión de que esa cosa se va a volver a producir. Que no hay nada que te deje con ganas para siempre, y que solo te quede el recuerdo.

Fin. Mayo de 2012.

Esto, exactamente, es esto.

/ 2 de agosto de 2011 /
Tengo la sensación de que no sé qué es lo que busco. Estoy mal por eso. Y no es lo que busco con él, sino con cualquier otra persona. No sé qué quiero. Llevo meses así. Meses, o más tiempo. En realidad él era lo más parecido a lo que quería o algo, pero, ¿no te das cuenta? Nunca era capaz de hacer nada, porque, ¿realmente es lo que busco? 
¿Te acuerdas cuando me preguntabas en clase o eso? Yo era incapaz de decirte si quería o no. Quizás también fuera que lo viera como una realidad demasiado abstracta pero... ¿sabes lo que digo? Que llevo mucho tiempo así, que no he conseguido siquiera tener nada claro en... en... ni al principio. No lo sé. Me agobia eso, no saberlo, esa impotencia. Porque cómo coño explicas a alguien que te gusta y que no sabes qué quieres, no sabes qué buscas. Es una sensación fatal, te lo prometo. Que yo pensaba que era una maldita excusa barata, pero nada más lejos de la realidad. Y lo peor es darte cuenta de que no es un cuento chino, o... o yo qué sé, joder. Que se te quitan las ganas de todo por absolutamente nada. Se me quita el hambre, las ganas de dormir, las ganas de hacer nada. Y en el fondo me gustaría explicárselo pero no sé cómo. 
Las personas están hechas a unas rutinas. Tienen sus razones para estar contentos. Tienen sus razones para estar tristes. Tienen sus razones para mentir, y para estar enfadados. ¿Sí? Es decir, se mueven por unas causas y unos sentimientos. Si están mal, pues lloran, lógico. Pero yo no, y no quiero, no. Yo vivo en la más absoluta indiferencia. No es que no me mueva por esas causas y sentimientos, pero se convierten en... auténticas banalidades, y lo sabes, sabes que son cosas tan absurdas que... que te fastidia realmente. Y entonces sí que lloras, pero es de impotencia y cansancio y rabia. Porque yo quiero cambiar esa rutina y entonces encuentras una razón por la que cambiarla, pero te asusta, y para cuando has meditado, las cosas cambian. Y puedes aceptar el cambio o no aceptarlo. Puedes estar infeliz por "tu razón", o puedes estarlo por esa invariabilidad y falta de interés por tu vida.
Supongo que me pasa eso. Bueno y que me gustaba mucho, eso también. Seamos sinceros. Pero no sé, en el fondo siempre me dije a mí misma que como amigo saldría mucho mejor. Y cuando lo veía, y en cualquier situación en general. Lo miraba y algo me decía "Stop". Supongo que es, o era por eso, por lo que no tenía las cosas claras. Por el STOP.
Y... no sé, supongo que eso es todo, ¿no? 



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